¿Pero qué te crees para ser mentor? El Sr. Supermentor y la mansión de los Alpes.
El viernes pasado tuve el placer de asistir a la presentación de la nueva edición del programa de mentoring del Colegio Vasco de Ekonomistas. Este año, he dado el salto y ha llegado el momento de ayudar como mentora en identidad digital a otras personas que quieran dar sus primeros pasos en esto de internet. Un reto apasionante que afronto con la verdadera y por qué no, egoísta ilusión, de ser yo la mentada. Puedes conocer la teoría y la práctica, pero nunca hay que dejar de formarse en el porqué de las cosas. ¿Por qué una persona no quiere aparecer en internet? ¿Por qué un negocio tiene éxito sin presencia digital? ¿Por qué linkedin?
No vale de nada
trabajar y trabajar, sin comprender y sin mantener actualizados los porqués o
los factores que motivan las necesidades.
En este caso, ¿Qué será, será….? Necesidad de pertenencia,
estatus, necesidad de aprendizaje, …. Tengo 6 sesiones para descubrirlo. ¡A por ello!
El Sr. Supermentor
Volviendo al título. Mentor, menuda palabra más contundente. Cuando pienso en ella, mi mente se pone un café y empieza a pensar en tono de novela:
“Hoy es el gran día. Me asomo por la venta de mi apartamento
con entusiasmo y sin duda, distingo la inconfundible calesa del Sr.
Supermentor. 10 horas de sube y bajas por las escarpadas montañas, nos han
conducido hasta su extravagante retiro de fin de semana en los Alpes. Impresionante escultura, imponente entrada,
oscura escalera, despacho vacío, sillón vuelto y de repente miedo, nervios y un
sudor frío que descansa en mi mochila. Es pleno verano, pero tras los
ventanales, los árboles del patio huérfanos de hojas, piden a gritos color,
olor y vida.
El Sr. Supermentor se gira – “¡Tú niñata, cómo osas a
invadir mi tiempo de paz y descanso!?”
Como gran hombre de negocios, Menti, como meses más tarde
descubrí que le llamaban sus amigos, había construido su imperio a base de
esfuerzo, horas y sacrificio personal. Era un hombre reservado y terco, pero con una
inteligencia sobrenatural. Era capaz de leer un informe en 5 segundos, decidir
el futuro de una compañía en 10 y despedir a toda la plantilla en 15.
Me quedaba mucho por aprender y cada día era un reto - “Hoy
limpiarás la plata, mañana regarás la huerta y si trabajas bien, algún día,
querida niña, tendrás el gran honor de tomar un café conmigo.”
Y es que para Menti, todo era una lección de vida. – “Mi fortuna no me la regalaron en la
tómbola. Sólo hay un camino, trabajo y trabajo.” - Gruñía a sus sirvientes cada
día.
El tiempo transcurría lento en Alpesville. Los pajaritos no cantaban y las nubes cubrían
con su oscuro manto los vastos campos que rodeaban a la mansión, creando una
barrera natural contra los maleantes. Imposible entrar, imposible escapar.
Resignación. Motivación. Fuga.
Tras un máster en abrillantamiento de parqués y varios
cursos online en gestión de alfombras persas, llegó el gran momento, ¡tomaríamos
café! Bendito e-mail, que me alegró el día.
Hago un power point, un prezi, llevo unos gráficos,… ¡madre
mía, por fin podré demostrarle que he aprendido y estoy lista!
El reloj del ala oeste, marcó las 5 en punto y el gran salón
de reuniones abrió sus puertas de par en par. Al fondo, junto a una
impresionante chimenea se encontraba Menti. Seguí escaneando la sala y descubrí
que no estaba sólo. Junto a él, se alzaba una silueta rechoncha portadora de un
elegante sombrero de copa, que hablaba sin parar y mantenía al Señor hipnotizado
con sus comentarios.
- Gracias por venir querida. Por favor, tráenos dos cortados.
Mándame por e-mail lo que hayas preparado y ya hablaremos. Ahora déjanos,
tenemos negocios importantes que cerrar. – dijo Menti, mientras giraba de nuevo la cabeza
hacia su acompañante.
Los pajarillos seguían sin cantar y la formación pasó a ser
100% online. ¿Debía marcharme? ¿Debía atravesar el muro y arriesgarme? En la
mansión, se vivía bien, era cómoda y por lo menos, tenía una comida diaria y
algo que poner en mi currículo. Esta incertidumbre, se posicionó como
pensamiento top ten en mi cabeza. No bajaba en las listas y me estaba matando.
La respuesta vino sola cuando, con el paso del tiempo, mi
plato tenía cada vez menos caldo. Era el momento de reunirme con la niebla.
Rememoré todo lo aprendido hasta la fecha, confeccioné un kit de supervivencia
y decidida, crucé el hall con paso firme. La puerta estaba abierta.
No volví a saber más del Sr. Supermentor hasta esa mañana
lluviosa de octubre. Un correo certificado y que sorprendentemente no era una
multa, nubló mi visión. Una firma inconfundible: Sr. Súper.
“Sólo tú decides tu
futuro. No esperes. Los caminos más tenebrosos existen, porque alguien los
construyó con un fin. Encontraste el tuyo y has sabido recorrerlo con éxito. Mi
trabajo contigo, ha concluido.”
Un mentor enseña sin enseñar. Comparte sin compartir y te hace descubrir.
Una historia que no deja de ser fantasías de una mente
recién salida de la universidad. La verdad, es que he tenido mucha suerte de
encontrarme por el camino con gente brillante, con la que he podido y puedo
compartir su visión. GRACIAS.



